Fotos
con historias
Las
fotos nos transmiten una información de sus entonos, lo
que hemos vivido, o hemos visto unos días. Pero nunca como cuando lo vivimos de
niños y hasta el día de salir de esas calles.
Llevan
contigo la historia del día a día, vividos con toda la vecindad.
Cuando
coges está y en el fondo ves que está enseñando la casa de la “tía” Paca.
La
vecina que se le murió un hijo pequeño, pero ella sigue riendo.
Pero
en su cara se ven sus penas y cuando mira los chicos el barrio no aparta su mirada,
mirada triste y alejada de todo.
O
la puerta del “tío” Manolo, gente pobre, pero de corazón grande. El “tío”
Manolo, siempre con su burro cargado, con las viandas del huerto, llenando las
despensa de su casa.
La
puerta más grande es la de “tío” José, que con sus vacas recorría el barrio,
para llevarlas a la charca a beber.
Los
niños nos íbamos con las vacas corriendo a su lado, pero “tío” José se enfadaba
y teníamos que quedarnos atrás. José se encargaba de vender la leche en todo el
pueblo.
Leche
con nata que guardaban nuestras madres, y untándolas en pan con azúcar, nos servía
para la merienda o para hacer dulces, ¡lo mismo que ahora, que la nata parece
de plástico!
La
esquina que se ve al fondo de la foto, es donde se ponían las mujeres del
pueblo en buen tiempo; allí llevaban sus labores, hablando y cantando, los niños
a su alrededor, las madres siempre vigilantes para que no se fueran lejos. Hacían
ganchillo, bordaban y remendaban, ¡Qué en eso, buenas horas se han tirado! Las
mocitas casaderas bordaban su ajuar.
Cuántos
recuerdos con las fotos de la comunión de mi niña ¡Sí contásemos todo lo allí vivido!
Cuando
llegaba la noche los vecinos se reunían en la esquina, allí, al fondo donde
está la farola de la calle. Cada uno contaba las faenas del día; “tío” Pepe
estaba contento con la cosecha de sandias y melones y contaba las pesetas que
se iba a ganar con ellas vendiendo por todo el pueblo.
Comentaba,
que él no podía comerse tantas. Así, cada uno contaba sus historias, hasta que
los llamaba la “Parienta” para cenar.
La
“Seña” Tomasa era la mujer del “tío” Vicente, era muy simpática, le gustaba
contar cuentos en las noches de verano, cuando los vecinos erramos la prolongación
de la familia. Nos sentábamos en su puerta y ella empezaba la retahíla.
La
Caperucita Roja; era uno de los
favoritos. Caperucita salía de su casa con su capa, pero al doblar la esquina
la escondía en el hueco de un árbol; se montaba en burro e iniciaba el camino.
Pero Caperucita soñaba que cabalgaba en un caballo blanco, e iba en busca del príncipe
de sus sueños que la estaba esperando en el bosque.
Así, recorrió el sendero, los árboles brillaban
con el reflejo de la luna y Caperucita soñaba que estaba entrando en sus
dominios, estos llenos de riquezas, oro por doquier. Era maravilloso tener
tantas posesiones, claro que “embebida” en sus sueños, se olvidó del burro, éste
tropezó y cayó al suelo. Sus ilusiones se rompieron al ver la realidad.
Eso le pasó a Tomasa, soñaba que con su
matrimonio, iba a “volar” grandes aventuras y solo le tocó trabajar como a
tantas otras mujeres.
Así,
recorreríamos todas las casas de mi pueblo, donde hoy ha hecho mí hija su
primera comunión, y luce tanto, como las historias que tiene el paisaje de la
foto.
Para
una amiga.
21-6-2010 Joaquina Campón.
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