viernes, 8 de julio de 2016

Fotos con historias

Fotos con historias
Las fotos nos transmiten una información de sus entonos, lo que hemos vivido, o hemos visto unos días. Pero nunca como cuando lo vivimos de niños y hasta el día de salir de esas calles.
Llevan contigo la historia del día a día, vividos con toda la vecindad.
Cuando coges está y en el fondo ves que está enseñando la casa de la “tía” Paca.
La vecina que se le murió un hijo pequeño, pero ella sigue riendo.
Pero en su cara se ven sus penas y cuando mira los chicos el barrio no aparta su mirada, mirada triste y alejada de todo.
O la puerta del “tío” Manolo, gente pobre, pero de corazón grande. El “tío” Manolo, siempre con su burro cargado, con las viandas del huerto, llenando las despensa de su casa.
La puerta más grande es la de “tío” José, que con sus vacas recorría el barrio, para llevarlas a la charca a beber.
Los niños nos íbamos con las vacas corriendo a su lado, pero “tío” José se enfadaba y teníamos que quedarnos atrás. José se encargaba de vender la leche en todo el pueblo.
Leche con nata que guardaban nuestras madres, y untándolas en pan con azúcar, nos servía para la merienda o para hacer dulces, ¡lo mismo que ahora, que la nata parece de plástico!
La esquina que se ve al fondo de la foto, es donde se ponían las mujeres del pueblo en buen tiempo; allí llevaban sus labores, hablando y cantando, los niños a su alrededor, las madres siempre vigilantes para que no se fueran lejos. Hacían ganchillo, bordaban y remendaban, ¡Qué en eso, buenas horas se han tirado! Las mocitas casaderas bordaban su ajuar.
Cuántos recuerdos con las fotos de la comunión de mi niña ¡Sí contásemos  todo lo allí vivido!
Cuando llegaba la noche los vecinos se reunían en la esquina, allí, al fondo donde está la farola de la calle. Cada uno contaba las faenas del día; “tío” Pepe estaba contento con la cosecha de sandias y melones y contaba las pesetas que se iba a ganar con ellas vendiendo por todo el pueblo.
Comentaba, que él no podía comerse tantas. Así, cada uno contaba sus historias, hasta que los llamaba la “Parienta” para cenar.  
La “Seña” Tomasa era la mujer del “tío” Vicente, era muy simpática, le gustaba contar cuentos en las noches de verano, cuando los vecinos erramos la prolongación de la familia. Nos sentábamos en su puerta y ella empezaba la retahíla.
La Caperucita Roja;  era uno de los favoritos. Caperucita salía de su casa con su capa, pero al doblar la esquina la escondía en el hueco de un árbol; se montaba en burro e iniciaba el camino. Pero Caperucita soñaba que cabalgaba en un caballo blanco, e iba en busca del príncipe de sus sueños que la estaba esperando en el bosque.
 Así, recorrió el sendero, los árboles brillaban con el reflejo de la luna y Caperucita soñaba que estaba entrando en sus dominios, estos llenos de riquezas, oro por doquier. Era maravilloso tener tantas posesiones, claro que “embebida”  en sus sueños, se olvidó del burro, éste tropezó y cayó al suelo. Sus ilusiones se rompieron al ver la realidad.
 Eso le pasó a Tomasa, soñaba que con su matrimonio, iba a “volar” grandes aventuras y solo le tocó trabajar como a tantas otras mujeres.
Así, recorreríamos todas las casas de mi pueblo, donde hoy ha hecho mí hija su primera comunión, y luce tanto, como las historias que tiene el paisaje de la foto.
Para una amiga.

                           21-6-2010  Joaquina Campón.      

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