La despedida de Pablo me terminó de
hundir más de lo que ya estaba, no podía
resolver tantos problemas acumulados, tenía que resolver las cosas, comprendía
que esto me iba a llevar tiempo. Decidí encerrarme y decirles a las amigas que
me marcaba por un tiempo, ¡Mira por donde Maruja se presenta en casa con la
maleta hecha! Y convencida
Que se viene conmigo, no había manera
de echarla, al final me convenció que nos íbamos las dos a casa de sus padres
al campo. Me calle porque mis argumentos no los quiso escuchar. Salimos carreta
y manta, el coche era de Maruja, es buena conductora.
Llegamos al campo este era una
pequeña parcela rodeada de castaños y un riachuelo que era la alegría del entorno.
Al bajar del coche salieron a recibirnos
unos amigos de Maruja, Evaristo y Samuel; ella sabía de este encuentro lo tenía preparado
antes de ir. Nos vimos enfrente de dos hombre de muy buena planta, guapos y; según
Maruja, solteros. Para mí era una sorpresa o, una encerrona. Mi pensamiento estaba
en las cartas por leer ¡pero en fin! La tarde la dedicamos a pasear para conocernos
y familiarizarnos con el entorno, al llegar la noche Maruja se embracilo con Evaristo
y Samuel me ofreció su mano.
La mañana siguiente el río fue nuestro
compañero más comprometido.
Los días pasaban con tanta dicha que me
olvidé de las cartas. Al terminar la noche la melancolía dominaba mi mente.
Mañana será otro día, buenas noches amigos.
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