Era Avenida de San Blas un
nombre que engrandece el lugar y sigue en la actualidad como en los años
sesenta y siete, no puede crecer por estar encajonado en el centro. Allí pasé
la primera noche con el hombre que me llevaría a su lado para lo bueno y para
lo malo.
Pasamos ocho meses en ella
cerca de mi madre en la que me refugiaba todas las tarde. ¡Pero vino mi suegra!
Y con la escusa nos llevo muy cerca de
ella, ¡La casa era mejor y el coste eran 1.000 pesetas mes!, la otra eran 700
Pesetas mes y entraba el agua y la luz.
De allí corrimos al Perú,
la zambomba y hoy me encuentro casi en el segundo barrio de mi niñez.
Siempre se busca casa donde
las necesidades básicas estén cubiertas; eso de jóvenes, de mayor busca poder
vivir sin obstáculos, ni barreras que impidan la fácil movilidad. En eso estamos,
ascensor, piso pequeño, amplios pasillos, luz directa en cada habitación.
Esta barrida solo tiene un problema
la comunicación con los vecinos, aquí somos todos extranjeros, nadie conoce a nadie,
nos saludamos por educación; buenos días, buenas tarde y de ahí no salimos.
Vengo de zonas que los vecinos
teníamos largas charlas y compartí amos, café, cervezas, y comida, por eso echo de
menos los recuerdos bonitos.
De esta barriada saldré acompañada
de mis familias y de algún amigo que tenga la suerte de poder llorar un rato; claro
que ya no se llora por el que desaparece, se llora porque sabemos que quizás el
próximo seas tú.
Feliz semana.
Buenas tardes amigos.
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