lunes, 16 de octubre de 2017

El miedo, completo



Salí del pilón caminado todo lo de prisa que mis piernas me permitían. La cuesta  era agotadora y no pude con ella. En mitad la calle Villalobos el acerado  terminaba en un escalón lo suficiente mente alto, era muy aparente para descansar, tuve que hacer una sentada para recuperar fuerza. Sentada en la acera frente a mí, se encuentra la casa de los vecinos que en los  años cuarenta eran los más ricos de esa barriada. Las dimensiones que ocupa todo el recinto de la casa, da a tres calles. Hicieron un bloque de pisos del cual fueron ocupado por los inquilinos y muchos años le han  dado beneficios.
La familia en cuestión formada por una pareja. Él era alto, moreno, siempre trajeado,  sin faltarle lo guantes en invierno, zapatos negros, sombreo, y un bastón que usaba con bastante frecuencia para pegar a los chicos del barrio. En invierno usaba una Pelliza  de cuero Marrón oscura con el cuello de pelo. En ella se escondía para no ver al que pasaba por su lado. Úrsula mujer bajita, con faldas de vuelo, y blusas amplias, entrada en carnes, muy bella, pero sobre todo muy inteligente. Trabajó en el estraperlo vendiendo caro y comprando barato. Así se pasó gran parte del tiempo hasta que Herminio le fue bien el negocio. En esas posesiones no entraban nada más que los criados. Herminio  nunca se considero ni se integró en el entorno de los vecinos ni siquiera de Úrsula, ella solo era la criada de la casa. La quería por sus guisos aparte de llevarle toda la casa en orden.  Herminio vivía su vida aislado de todos solo se comunicaba con la mujer que le dio de comer hasta que en su negocio hubo ganancias.
A partir de ahí, el se rodeo de los socios que de vez en cuando venían a contratar los productos que él a su vez compraba. ¡Productos de Extremadura! Que mandaba a su tierra allá por el norte. Cuando se vio con poder económico quiso deshacerse de  Úrsula, pero era demasiado tarde para ello, Úrsula sabía de su oscura vida y la usaría si era preciso. Una noche después de una larga discusión Úrsula le echo en cara que lo sacó del burdel donde se conocieron y si tenía algo era porque ella se dedicó al estraperlo y lavando ropa para salir para lante.
A Herminio le fueron bien los negocios y construyó la gran casa.
En aquellos años la alacena suya era envidiada por los criados que pasaban a trabajar en la casa.
La casa tenía varias entradas, la principal, la cochera,   y un portalón grande para el carro. Todo a pie de calle. Por la puerta principal solo entraba Herminio, el no se podía permitir entrar por el portalón.
 La entrada, principal, pasillo con habitaciones a los lados, y baño amplio. Terminaba en un comedor con chimenea de leña, tresillos de cuero, vitrinas llenas de loza y cristal, mesa de comedor grande ovalada con sillas alrededor. Todo de madera noble. Allí pasaba gran parte de las horas.
Entrada por  el portalón donde entraba el carro, se encontraba un patio adornado con flores en el lateral izquierdo, en frenten un trastero amplio donde se guardaba la ropa tendida en invierno para su secado. Alrededor estanterías con herramientas de todo tipo. Una pila para el levado de ropa  con agua corriente. 
Herminio salía todos los días a dar su paseo, con su sombrero  sus guantes y el bastón de acompañante.
 Este le servía para apartar a los niños de las aceras y con ello tener libre el paso. Si llegaba al lugar sin que los chicos se percatasen su presencia, lo usaba para apartarlos.
Con esa soledad vivió hasta los noventa años.
Antes de su muerte estuvo algunos años enfermo y Úrsula consiguió casarse con él. ¡A Úrsula el cura no la dejaba de comulgar!, Solo de ir a misa, porque era la pecadora, pero él iba a misa y lo aceptaba como amigo, ¡bueno, amigo! Este mismo cura los caso y desde ese día Úrsula pudo ir a misa y comulgar.
Después de casarse Úrsula iba a misa e iba contenta y con la cabeza muy alta. El cura y otro vecino fueron los testigos de la boda.
A Herminio le llegó su hora y en la mortaja le puso los trajes viejos.  Úrsula decía que para los gusanos era suficiente.
Llamó a sus familiares  que vivian en otra ciudad y vinieron con abogado incluido.
Allí no hubo lágrimas ni penas alguna, llevaban años sin saber de su padre.
El abogado traía los papeles de parentesco y con ello demostrar que eran los herederos para hacerse cargo de las posesiones y echar a Úrsula del piso y despojarla de todo. Claro que úrsula ya habia vaciado la cartilla del banco. Después dejarlos hablar Úrsula  sacó sus papeles demostrando que la propietaria de todo era ella.  Enseñando el certificado de matrimonio, el abogado leyó los escritos comunicando a los parientes de Herminio que eran verídicos.
Se levantaron de la mesa y se marcharon sin recoger al difunto.
En bebida en este pensamiento se me había olvidado que corría  huyendo de Blas, el loco del abrevadero. Me incorporé y termine el camino que quedaba hasta llegar a casa. Unos metros antes vi una sombra en la puerta de casa, no podía ser otro. Allí estaba Blas con el cántaro en la mano, vociferé llamando a mi madre, que salió rápido. Mamá cuando la reclamásemos a voces siempre acudía con la escoba en mano. Diciendo, ¿qué pasa? enseñando  la escoba en alto. Blas En ese momento le entregó el cántaro diciendo. Tenga se lo ha dejado su hija en la fuente. Mamá recogió el cántaro y dijo, Muchas gracias pero ya te puedes marchar. –Venga entra en casa que es tarde.
                             14-10-2017    Joaqui.

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